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Bachillerato 2017 webUno de los muchos indicadores de que te estás haciendo viejo, es la crítica de las generaciones posteriores.

Este ejercicio de auto autocomplacencia colectivo a veces me resulta gracioso, otras no tanto y, casi siempre, bastante contradictorio. Mi generación, empieza a entonar el “cualquier tiempo pasado fue mejor”, que me recuerda que peino canas.

Eran las diez de la noche y los chavales, de punta en blanco, estaban exultantes. Horas antes, Fernando, había sido el encargado, una vez más, de dirigir el acto. Sus primeras palabras, para Juanjo.  Rosa lo inauguraba, como una profetisa del fin del Acuerdo de Paris, advirtiendo de la necesidad de revisar nuestro modelo de progreso.

No sé a qué hora empezamos a cenar pero, ya con el entrante, uno sentía que estaba entre amigos. Amistades forjadas en alegrías y penas, en el éxito y el fracaso, en el esfuerzo y la diversión, en recreos y clases, y especialmente en esas excursiones, lejos de las familias, que tantos recuerdos nos han regalado.

Esos viajes ocuparían el lugar central en el repaso que los portavoces, Joshua, Alicia y Clara, hicieron para rememorar su estancia en El Ribera, ante un salón repleto. Tras las interpretaciones musicales de nuestros alumnos de la ESO, con María como directora de orquesta, y la voz de Sara como magnífico fondo, el que escribe, al verse en alguna de las fotos del montaje, se sentía orgulloso y agradecido de formar parte de esos buenos recuerdos. Pocas profesiones te brindan la oportunidad de poner un granito en el cesto de tanta gente.

Con el entrecot, el reloj ya marcaba las once y algo, las copas brindaban cada vez con más alegría. Celebraban una imposición de bandas, el final de un ciclo y el inicio de otro.

Teo clausuraba el acto desde una cercana coyuntura. El refresco servía para unir en la misma mesa a los remeros del mismo barco.

El final del postre dio paso a las fotografías y al trasiego de sillas que abría nuevas conversaciones. Los que me habían llamado Jesús, empezaban a llamarme Chuchi.

Estábamos en la discoteca, allí estaba El Ribera, en esos abrazos, en las sonrisas, en los brindis… Era su noche y estaban dispuestos a disfrutarla al máximo, como disfrutaban con los paseos por Roma, como disfrutaban comiendo el modesto helado, premio a su comportamiento.

Allí les dejamos, el camino de vuelta era pausado, el discurso nostálgico. Ni Teo, ni Julio tenían prisa por llegar a casa, detrás dejaban su última promoción. No sé si eran conscientes de la cantidad de buenos recuerdos de los que formaban parte, de la cantidad de granitos depositados con tanto cariño y esfuerzo, del respeto de quien les acompañaba. Ese que les acompañaba y que, gracias a sus chavales, esa noche, se fue a la cama sintiéndose orgullosamente joven.


Lección final del curso. Rosa Jiménez.

Rosa

 

 


Fotografías.

Foto del grupo.

Videos:

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